Hace ahora doce años se presentaba al público la Orquesta de Cámara del Auditorio de Zaragoza “Grupo Enigma” con Juan José Olives como director artístico y titular. Como ya se evidenció desde el inicio de su andadura, esta propuesta seria, inteligente, rigurosa y sin duda necesaria para la música en nuestros días, concede una especial atención a la programación. Su director artístico presenta, año tras año, una propuesta ponderada ya desde su concepción, coherente y con multitud de vínculos no manifiestos —además no exentos de buen gusto y delicada sensibilidad— que le conceden un poderoso atractivo y una más que evidente singularidad. Se trata sin duda alguna de uno de los pilares fundamentales donde descansa buena parte del éxito de la formación —renovado en cada temporada— y que unido a una labor minuciosa, constante y acertadamente dirigida desde el primer atril, hacen de la trayectoria de este grupo y su titular una de las más interesantes del panorama nacional…y por si esto fuera poco, con un objetivo común y único: la defensa de la música. Una cuestión para la reflexión, ciertamente, en el actual panorama musical.
La presente temporada 07-08 combina diferentes compositores, obras, estilos e incluso épocas que, si bien a simple vista podrían parecer inconexos o lejanos entre sí, una vez revisados y observados desde la óptica antes citada, dejan traslucir un alto grado de interrelación. Bajo este prisma propuesto, el primer programa reúne compositores como Torres o Satué —este último con la obra estrenada por esta misma formación en el XXIII Festival de música de Alicante con gran éxito y las críticas más elogiosas— ambos alumnos “distintos” de Francisco Guerrero y lógicamente vinculados por aspectos conceptuales de la música. Podemos observar también sutiles asociaciones tímbricas y estéticas en la paleta compositiva de autores aparentemente tan lejanos como Takemitsu y Ravel, así como atendiendo al uso del espacio entre las obras programadas del compositor japonés y nuestro Satué e incluso a relacionar por analogía el uso instrumental de los saxos en el compositor aragonés y el galo.
Conceptuales son así mismo los lazos que presentan las obras de McMillan y Greco, relacionadas en su propia concepción —cercana incluso al impresionismo— y en el tratamiento de los aspectos rítmicos. El movimiento como expresión de ese ritmo, una masa instrumental más ampliada y unas innegables influencias estéticas asocian asimismo las obras de Debussy y Turina, justificando de esta manera las cuatro y dando sentido unitario a todo el segundo programa.
Las obras de Mozart y Schubert —este último tamizado por la visión del compositor ruso Denisov— cuya estética clásica adopta en cierto sentido el también ruso Schnittke, conforman otra propuesta de gran coherencia donde la mirada contemporánea se presenta junto a su antecedente. Unido a este grupo, la presencia de Mahler se justifica por razones cronológicas en el último programa de la temporada, ya que el próximo año 2008 se cumplen cien años de la creación de “La Canción de la Tierra”.
El tercero y quinto programa de la temporada es el momento elegido por Olives para el ya habitual monográfico y la acostumbrada presencia del director invitado, elegante y adecuada política para un grupo dinámico, activo y que goza, como su propuesta, de buena salud. En el caso que nos ocupa, el monográfico esta dedicado al compositor Tomás Marco —presente en otras ocasiones en los conciertos de la formación aragonesa— con cinco de sus obras, conformando el tercer programa de la OCAZ. Asimismo para el quinto programa de la temporada, el director invitado será en esta ocasión el también compositor francés Daniel Tosi que incluirá en su variada y atractiva propuesta —además con una obra propia— el estreno de la obra ganadora del III Concurso Internacional de Composición “Universidad de Zaragoza”. Para todos estos programas se cuenta además con la presencia de solistas de la talla de Josetxo Silguero (saxos), Julia Malkova (viola), Víctor Parra (violín, solista de la OCAZ), Zandra Macmaster (contralto) o Joan Cabero (tenor).
Que la programación de una temporada es uno de los aspectos fundamentales para dar coherencia a una propuesta, es algo que queda demostrado. Nos encontramos delante de una temporada cuya programación cuida, selecciona e interrelaciona contenidos, cuestión que además resultará determinante para una buena comunicación con el público —un tema de hondo calado en la actualidad— y que nos muestra a un director artístico y titular que inteligentemente no renuncia al legado musical heredado, sino que bien al contrario, aplica su profundo conocimiento del fenómeno musical a la música de nuestro siglo. Incidiendo aún más en este sentido y consciente de su enorme importancia, desde 1997 el grupo y su titular realizan una importante labor de difusión y conocimiento de la música entre la población escolar y familiar con sus conciertos pedagógicos y el ciclo de Conciertos en Familia, a lo que se une desde hace algunas temporadas, la vinculación con el público universitario durante la temporada. Una cuestión para la reflexión, ciertamente, en el actual panorama musical.
Àngel Lluís Ferrando Morales